El humor en los tiempos de la cólera



Érase una vez un cómico que escribió un tuit humorístico sobre no sé qué y provocó la ira de varios cientos de colectivos y particulares. Estos exigieron que el cómico se disculpara, se arrepintiera y poco faltó para que le pidieran también que entregara sus chistes y saliera con las manos en alto.

Viene siendo habitual que humoristas profesionales y diletantes lleven a cabo parte de su labor en las redes sociales y salgan escaldados de la experiencia. En Twitter, donde no sólo están sus seguidores -que aplaudirían hasta un pedo-,  hacer un chiste es una actividad de riesgo. Es de suponer que quien va a ver a ese mismo cómico al teatro disfrute con su espectáculo, pues ya conoce su estilo y sabe lo que va a ver y oír. En Twitter, no. Allí el alcance es masivo y las posibilidades de disgustar a alguien, muy elevadas.  Hay más facilidad que nunca para que cualquiera pueda expresarse libremente, y también más ocasiones de indignarse, encabronarse e incluso pedir la actuación de la justicia.



Creo que aquí cabe hacer dos consideraciones: en primer lugar, los cómicos, como los deportistas, los compositores, los cineastas o cualquier otro profesional más o menos creativo, tienen días mejores y peores. Aciertos y desaciertos. Es verdad que en el caso del humor la cosa es más delicada, pues a menudo entra en juego la burla o la frivolidad hacia asuntos de gravedad incuestionable (aunque permíteme poner en cuestión este último adjetivo). Pero es ahí donde actúa la segunda consideración: el humor es una ficción que resulta del modo de enfocar un asunto determinado.

Una ficción, repito. Y, como tal, lleva implícito el consabido aviso de que los personajes o hechos que en ella aparecen son ficticios o están tratados como tales. Pero, claro, poner todo eso en un chiste quedaría largo. De ahí que algunos no se den cuenta, lo confundan con la realidad  y se arme a veces la que se arma.

Pensemos en otro tipo de ficciones como el terror y el erotismo, géneros que nos provocan placer al tiempo que pueden hacernos sentir profundamente incómodos. El humor comparte esta característica con ellos, aunque nadie se ofende tanto por aquellos como por este. Si te incomoda la historia de un asesino en serie o la imagen de una pareja fornicando, miras para otro lado. Si te incomoda un chiste, llamas a la policía. Y lo malo es que, a veces, la policía viene.



EL HUMOR. DEFINICIÓN Y PROPIEDADES

Dice el diccionario de la RALE (hoy no tiro de Wikipedia, que estamos hablando de un tema serio):

Humor. Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas.

En efecto. El humor no es un simple divertimiento ni algo para pasar un rato con los amigos. O no es solamente eso. O no debería (¿qué hago yo pontificando sobre esto, que no sé ni contar un chiste?) El humor es un mecanismo para desviar estímulos que, de otro modo, resultarían demasiado agresivos para soportarlos. Una manera de distanciarse de los aspectos graves, dramáticos o desagradables de la vida. Y, por supuesto, un modo de enfocar, diseccionar y mostrar los problemas de la sociedad sin riesgo a que a uno le partan la cara (al menos, en teoría).

Como dijo Billy Wilder“Si quieres decir la verdad a la gente, sé divertido o te matarán”.



Esta misma frase es una prueba de que el humor y la ficción son la misma cosa. El humor intenta decir la verdad, igual que la ficción, pero lo hace a través de un artificio que manipula o desfigura la realidad buscando un efecto concreto. En el más suave de los casos, la risa. Que no es poco.

Vamos con otro aforismo, que se agradecen y rellenan post:

Oscar Wilde dijo: “El humor es la gentileza de la desesperación”.

Y ya que estamos metidos en frases, no sé quién dijo esta otra:

“Reír es como cambiar los pañales del bebé: no resuelve permanentemente el problema, pero hace las cosas más agradables por un momento.”

Platón, un señor que aparte de filósofo y ateniense debía de ser más bien sieso, decía que la comedia era el género teatral más alejado de la verdad. Eso, en principio, podría hacernos pensar que el humor debe ser descartado de nuestra vida porque nos da una imagen falsa de la realidad. Pero no, Platón, no. Lo que hace es ponerla en perspectiva y dar pie a la reflexión. Es un artificio. Una ficción. Y la ficción no puede ser condenada, ¿o sí? Pasa lo mismo con Las Meninas. Si te sitúas a un par de metros de distancia del cuadro, lo apreciarás mejor que si te pegas a él. Otra cosa es que quieras analizar el tipo de trazo que hacía Velázquez con el pincel o los pormenores de una situación. En ambos casos es probable que te lleves una sorpresa desagradable. O que el cuadro y la situación se te caigan encima.


El semanario satírico El Mundo Today se ha hecho célebre por su capacidad de faltar sin insultar, de manera sutil, inteligente y sumamente tronchante.

¿Pero y si no es gracioso? ¿Y si la broma no nos hace reír, ni reflexionar, ni nada? Bueno. Aquí entran en juego el sentido común y la sensibilidad de cada uno. Por lo general (y sin ánimo de querer poner normas) no suelen ser divertidos los chistes crueles que se ceban con la víctima. Igual que Robin Hood mola porque roba al rico, el humor funciona mejor cuando el señalado es el poderoso, el malvado o el cabrito, aun cuando en el desarrollo del gag o el relato machaquemos al desvalido, precisamente para poner de manifiesto la falta de escrúpulos del otro. Se crea así una especie de catarsis colectiva muy satisfactoria. En ese sentido, por ejemplo, este libro es oro puro:



Luego están, como decimos, los gustos personales. El sentido del humor varía de unos a otros. Igual que los seres humanos tenemos miedos o estímulos genésicos diferentes, a unos nos hace gracia lo que a otros no.

Por ejemplo, alguien puede disfrutar mucho con La conjura de los necios y ni siquiera sonreír con la saga Mundodisco (o viceversa). O mondarse con Jardiel Poncela y no soportar la ironía demoledora de Tom Sharpe




A ver si hay suerte y no se nota que he colado uno de los míos...



Pero esto no ocurre solo en literatura. Quien ríe a mandíbula batiente con Los Morancos, difícilmente lo hará con los Monty Python, aunque no hay normas generales. De hecho un mismo individuo es capaz de apreciar distintos tipos de humor, y desternillarse lo mismo con Faemino y Cansado que con los guiones de La que se avecina. La edad (física y mental) también determina el tipo de humor. Un niño o una persona inmadura preferirá el slapstick (humor visual propio del cine mudo) a los monólogos cargados de sarcasmo e ironía de los actuales cómicos de taburete y micrófono. El autor del polémico tuit del que hablábamos al principio, por ejemplo.


REÍR POR NO LLORAR

Esta expresión, aparte de un topicazo, es la máxima en la que se basa el humor judío, de gran influencia en la cultura estadounidense, especialmente la neoyorquina. Ahí tenemos a los Marx, a Seinfeld, a Sarah Silverman... O a Woody Allen, quien está de nuevo en la palestra por asuntos poco divertidos y que ahora mismo nos sirve como ejemplo perfecto para lo que queremos contar. No hay que ser un entendido para saber que sus películas tratan temas que a primera vista se nos antojan serios y transcendentales: Dios, la muerte, la depresión, el psicoanálisis, la cultura judía, las relaciones amorosas, la soledad, etc. Y sin embargo, un elevado porcentaje de sus películas son comedias.

¿Qué significa esto? Que no hay temas trágicos y cómicos, sino que todo es susceptible de ser enfocado desde el humor y la burla, que no es lo mismo que burlarse del desgraciado. Si acaso, se trata de poner en el punto de mira al responsable de la desgracia, o de buscar el lado amable o positivo de la tragedia, o ridiculizar personajes o situaciones supuestamente serias que nos hagan ver que la mayoría de los seres humanos somos insignificantes, y nuestros grandes problemas, una nimiedad.

Sirva como ejemplo este breve fragmento de la novela Sakamura, Corrales y los muertos rientes de Pablo Tusset:

Como la Ministra de Igualdad se hallaba de viaje oficial para afearles a unos ayatolás que no otorgaran a sus mujeres la libertad de convertirse en objetos sexuales al estilo cristiano, el Presidente se vio obligado a inaugurar él mismo un Museo del Vino en el Campo de Borja, provincia de Zaragoza.

En un solo párrafo aparecen elementos suficientes para ofender a medio Twitter (feministas, musulmanes, cristianos, enólogos, abstemios, maños...) ¿Pero verdad que has reconocido la situación? El fragmento dibuja un panorama muy cercano a la realidad social y política, empleando técnicas humorísticas tan eficaces como la caricatura y la exageración. Y es que como decía Valle-Inclán"El sentido trágico de la vida (española) sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada".


La guerra es asunto serio, como todo el mundo sabe


Resumiendo: diga lo que diga Platón, la comedia surgió como respuesta a la tragedia; y la sátira, como burla o parodia de los géneros más formales. Por tanto, el buen uso del humor en la ficción nos lleva a retratar una realidad o buscar una verdad profunda que, de otro modo, resultaría excesivamente trágica, incómoda o incluso desagradable, aun cuando el humor pueda llegar a serlo.


El otro día, un cómico lo intentó en Twitter y casi lo matan. Lo que debió reírse después.



BONUS TRACK: El chiste más gracioso del mundo

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