Diez películas de Navidad y una novela desesperada


Érase una vez una persona -hombre, mujer o trilobite, da igual- que se deprimía en Navidad. 

Quizás le sentaba mal que anocheciera tan pronto o no tener suficientes días hábiles para terminar un trabajo pendiente. A lo mejor echaba de menos a un ser querido. Puede que ese ser querido se marchara en fechas cercanas a la Navidad y por eso, cada año, esos días son un infausto recordatorio del ausente. Es muy probable que la causa sea la obligatoriedad de ser felices, de hacer regalos, de gastar más dinero del habitual (¿quién fue el lumbreras que puso la Navidad tan cerca del fin de mes?), de reunir a una familia cuyos miembros no se soportan, de preparar una cena que nunca queda tan bien como en el tutorial de YouTube, de ir a disfrutar del último blockbuster galáctico y salir sintiéndose estafado... De, en fin, tratar de cumplir unas expectativas que la sociedad y la publicidad nos imponen cada año y que generalmente terminan con un choque entre el ideal prefabricado y la siempre decepcionante, agresiva y chunga realidad. Que si la tía está rara, que si se quema el besugo, que si el libro que has pedido llega con la cubierta descascarillada... Son tantas las cosas que pueden salir mal...

¿Te sientes identificado? Yo también. Y no somos los únicos. Ya sabes lo que dicen: mal de muchos, epidemia. Otra cosa que dicen es que la culpa la tienen las películas, como si las películas tuvieran la culpa de todos los males del mundo y no fueran un reflejo de los vicios, las carencias y, por qué no, las virtudes de una realidad concreta. Fíjate en lo que hemos dicho hace un momento: "unas expectativas que la sociedad y la publicidad nos imponen". En ningún momento nos hemos referido al cine, ni a la literatura, ni a la ficción.

Porque, querido artficcionado, tanto en el cine como el la vida, es difícil encontrar a alguien que durante la Navidad esté realmente feliz y en armonía consigo mismo y con su entorno. Al menos más que durante el resto del año.

Por eso, si estas fechas te son tan gratas como la gonorrea, te aconsejo que eches un vistazo al listado de desgracias que aquejan a los personajes de los siguientes films. Quizás te consueles viendo cómo lo tuyo no es tan grave:


La Jungla de Cristal - Die Hard. (John McTiernan, 1988)




El policía de Nueva York John McClane (Bruce Willis) es el clásico caso de cornudo y apaleado. De viaje a Los Ángeles en tan entrañables fechas para reunirse con su esposa, descubre que esta se ha quitado el apellido de casada, se muestra más fría que Puigdemont en su exilio y es víctima de las insinuaciones de un baboso cocainómano que trabaja con ella en el rascacielos de una importante multinacional japonesa a punto de ser tomado por un grupo terrorista. La noche de paz se convierte para McClane en un corre-que-te-pillo mortal que pone a prueba su ingenio, su valor y su resistencia tanto física como psicológica. Menos mal que ahora tiene una ametralladora. Ho, ho, ho. Guión a prueba de balas para una película de acción que lo cambió todo y dio lugar a docenas de imitaciones mediocres, incluidas sus propias secuelas.



Gremlins (Joe Dante, 1984)




El joven Bill Peltzer (Zach Galligan, ¿qué fue de él?) está pasando una mala racha. Su coche se avería cada vez que nieva (y en Kingston Falls nieva de verdad); su padre es un inventor de medio pelo que pasa la mayor parte del tiempo fuera mientras su madre tiene que hacerse cargo del mantenimiento de la casa; y la despótica señora Deagle tiene a la familia agobiada con las deudas y ha llegado a amenazar de muerte a Barney, el perro de Bill. Nuestro joven protagonista aspira a dibujar cómics, pero mientras tanto trabaja en un banco. ¿Te parecen suficientes razones para la depresión? Pues esto no es nada. Cuando el padre regresa de uno de sus viajes, le regala a su hijo un bichito muy mono que le reconcilia un poco con el mundo. Pero la cosa se desmadra y el bichito mono se convierte en un ejército de miles de monstruos que amenazan con destruir el pueblo en plena Nochebuena. La tarea de Bill será impedirlo, acompañado por Kate, su compañera de trabajo, que arrastra su propio trauma navideño: su padre, disfrazado de Santa Claus, se rompió el cuello bajando por la chimenea cuando ella era pequeña. Todo muy alegre y zambombero.



Solo en Casa - Home Alone (Chris Columbus, 1990)




Dicen que la Navidad está hecha para los niños y que los adultos debemos velar para que la inocencia, la fantasía y la felicidad se mantengan vivas en nuestros pequeños mientras sea posible. A los padres de Kevin McCallister (Macaulay Culkin) habría que quitarles la custodia, no una sino dos veces, por dejarse olvidado a su hijo cuando se van de viaje a París con el resto de la familia. También es verdad que se lo andaba buscando, y no es menos cierto que en parte tenía razón: sufre las burlas de su hermano, el maltrato de su tío, los severos castigos de su madre... Normal que quisiera desentenderse de la progenie y sus allegados. Cuando todos se van, su reacción inicial es de viva la Pepa, esta es la mía y yabadabadoo. No parece haber motivos para la tristeza. Pero la convivencia consigo mismo se complica cuando en lugar de disfrutar de la Navidad en solitario, tiene que hacer frente al asalto de una pareja de ladrones. Al final la cosa acaba mal: los ladrones son detenidos y la familia vuelve. Gran éxito comercial para una bobada que, sin embargo, cuenta con una maravillosa partitura navideña a cargo de John Williams.



Qué bello es vivir - It's a Wonderful Life! (Frank Capra, 1946)




El icono navideño por antonomasia en lo que al séptimo arte se refiere es un dramón del tamaño de Milwaukee. George Bailey (James Stewart) se dispone a suicidarse en plena Nochebuena al hacer balance de lo que para él ha sido una vida de mierda: se queda sordo de un oído siendo niño,  el boticario para el que trabaja lo muele a palos, recibe la noticia de la muerte de su padre en plena cita con la chica que le gusta (lo que le obliga a posponer sus planes de futuro para hacerse cargo de las empresas familiares y a lidiar con las malas artes del Sr. Potter, el magnate local). Por si esto fuera poco, se queda sin luna de miel, se arruina, es humillado, se emborracha, le dan una paliza... En fin, que sólo le falta tener ladillas. Pero aquí la Navidad sí obra un milagro, y gracias a la intercesión de Clarence, un ángel de segunda regional, George consigue mirar su vida desde una perspectiva diferente que lo lleva a darse cuenta de lo relevante de su existencia y de lo trágico que habría sido el destino de sus seres queridos si él no... ay. Ehm... Snif. Sigue tú, que a mí se me ha metido algo en el ojo.




Los fantasmas atacan al jefe - Scrooged (Richard Donner, 1988)




Esta simpática (y enésima) versión del Cuento de Navidad de Dickens destaca por el atractivo de tener como protagonista a Bill Murray en el trasunto del arquetípico Mr. Scrooge. Frank Cross, un ejecutivo de televisión sin escrúpulos, es todo lo contrario al  George Bailey de la película anterior; es egoísta, vanidoso, pesetero y no duda en pisotear a quien haga falta para conseguir lo único que le interesa en el mundo: audiencia. ¿Has probado a estar cabreado durante demasiado tiempo? ¿Te has sentido feliz? Pues este señor tampoco. Y es que estar cabreado y deprimido son cosas bastante parecidas. De hecho esta historia es una especie de reverso tenebroso de Qué bello es vivir. Si en aquélla el elemento sobrenatural mostraba a George Bailey lo malo que habría sido el mundo sin él, aquí los fantasmas enseñan a Frank lo despreciable que ha sido y el daño que ha causado en su entorno. Frank tiene que lidiar consigo mismo, con los espectros que lo acosan y con un empleado que quiere asesinarlo por despido improcedente. Una manera tan desagradable como cualquier otra de pasar la Navidad. 


Plácido (Luis García Berlanga, 1961)




"Madre, en la puerta hay un niño / Más hermoso que el sol bello / Tiritando está de frío / Porque viene casi en cueros / Pues dile que entré y se calentará / Porque en esta tierra ya no hay caridad / Ni nunca la habido / Ni nunca la habrá".
Las dos últimas frases son los desesperanzadores añadidos que Luis García Berlanga hace al tradicional villancico para cerrar de manera contundente el mensaje de su magnífica película. Una visión descarnada del egoísmo humano y de cómo las apariencias son más importantes que los verdaderos sentimientos, algo de lo que la Navidad sabe mucho. Plácido (interpretado por Cassen) es un señor que vive en unos baños públicos junto a toda su familia, todos más pobres que las ratas. Durante una hipócrita campaña navideña llamada "Siente un pobre a su mesa", concebida para calmar las conciencias de la clase alta, Plácido recibe el encargo de recorrer la ciudad con un motocarro adornado con una gran estrella. El problema es que si antes de que acabe la Nochebuena no paga una letra del vehículo, perderá su único modo de mantener a su familia. La angustia por la deuda, el frío invernal, el desprecio de las instituciones ante el débil y el cinismo de una sociedad que se deja llevar por lo impuesto mientras evita mirar a los verdaderamente necesitados, convierten la Navidad de Plácido en una odisea tragicómica con muy mala follá que estuvo nominada al Oscar.    



El día de la bestia (Álex de la Iglesia, 1995)




Pobre padre Berriartúa. Con lo a gusto que estaba él en su santuario de Oñate hasta que descifra un mensaje que indica la venida del Anticristo. Desde ese momento tendrá que vérselas con un Madrid violento, xenófobo y en obras, frecuentar la compañía de heavies satánicos (y de Carabanchel), futurólogos televisivos engañabobos, hostaleras racistas y laístas, y el Diablo en persona. Su odisea, a medio camino entre la Divina Comedia y la experiencia lisérgica, lo llevará por un camino de maldad, iniquidad y pecado en plena Nochebuena. ¿Y para qué? Para perder una oreja y acabar convertido en un indigente medio loco. Paradójicamente, esta fábula de terror y penurias logra sacar más de una carcajada y al cine español del estancamiento de solemne afectación en el que se encontraba a mediados de los 90. ¡Gracias, Satán!




El apartamento - The Apartment. (BillyWilder, 1960)




De rodillas, que estamos en un templo sagrado. Aunque no venga a cuento lo digo: la tragicomedia de C.C. Baxter encabeza el top 10 personal de este bloguero y novelisto. Jack Lemmon, en una de las interpretaciones de su vida, encarna aquí la radiografía del hombre mediocre, miserable y egoísta a quien sólo el amor puede redimir.  Sonrisas, ternura y llanto se mezclan en este prodigio cinematográfico no exento de desgracias, infidelidades, engaños, desengaños, resfriados, abuso de poder, prejuicios, intentos de suicidio, lavados de estómago, soledad...  Todo parece concentrarse  en torno a la vida de este oficinista que muestra lo mejor y lo peor del ser humano. La Navidad y una maravillosa ascensorista hacen el resto. Ganó cinco premios de la Academia. Pocos me parecen. Reparta mejor la próxima vez, señorita Kubelik.




Juan Nadie - Meet John Doe (Frank Capra, 1941)




Otra vez Frank Capra. Cinco años antes de Qué bello es vivir nos regaló la historia de otro intento de suicidio en Navidad, solo que esta vez el suicida en cuestión no existe. Se llama Juan Nadie, y es un personaje inventado por la periodista Ann Mitchell (Barbara Stanwyck) para llamar la atención sobre el caso de un magnate que ha despedido a casi todo el personal de un periódico. El artículo tiene tanto éxito que el periódico se pone a buscar un Juan Nadie de verdad, y acaba contratando un vagabundo que asuma el papel (Gary Cooper) y que terminar convirtiéndose en un icono y un líder de opinión. ¿Y dónde está la depresión aquí?, te preguntarás. De vagabundo a ídolo de masas es un buen cambio. Sí, pero la bonanza sólo dura hasta que el pobre hombre se entera de que todo el tinglado que se ha montado en torno a él es una maniobra publicitaria para vender periódicos. Entonces decide suicidarse en Navidad ante todos sus seguidores. No es tan lacrimógena como el gran clásico capriano, pero tiene su momento de llorera. Y a Walter Brennan, que por sí solo justifica el visionado de la cinta. Ahora y en julio.




Dublineses - The Dead. (John Huston, 1987)




Basada en el relato Los muertos de James Joyce, el canto de cisne de John Huston es una pequeña joya que deja la garganta como una pajita de refresco. Técnicamente no sucede en Navidad, sino en Reyes (Epifanía en términos más religiosos). Una cena en casa de unas hermanas. Todo bien. Bailes, poesías, conversaciones. Costumbrismo de clase alta, si se quiere. Pero cuando suena una determinada canción (ay, la música), el calor de los corazones del matrimonio protagonista se empieza a convertir en hielo. El triste recuerdo de un amor truncado la lleva a ella a un estado de profunda melancolía mientras que enciende en él la alarma de la inseguridad. Cosas de pareja. Y mientras, la nieve cae suave, dulce y fría sobre la ciudad, y también sobre el cementerio, cubriendo bajo su manto a los que ya no están y recordándonos a los que sí nuestro destino ineludible. ¿Te apetece un polvorón?



Y hasta aquí las diez películas. ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? ¿Verdad que lo tuyo no está tan mal? Pero tengo algo más que decirte: la mayoría de estos dramones tiene un final feliz, o positivo, o al menos no tan trágico como el planteamiento. ¿Eso te consuela o te hunde aún más? Si es lo segundo, quédate con esta idea: todas las películas de las que hemos hablado tienen un final. La Navidad, también. Esa es la buena noticia, al menos hasta el año que viene.

BONUS MATERIAL:

Es curioso, pero mi primera novela se desarrollaba en Navidad y tenía como protagonista a un personaje que pasaba malos momentos. Se había quedado sin trabajo, la casera estaba a punto de echarlo y sus relaciones personales no iban lo que se dice sobre ruedas. Lo más curioso es que la novela es de 2007 y ahora, diez años después, es el autor el que pasa por una situación parecida. ¿No te parece mágico el modo en que la realidad termina pareciéndose a la ficción?


Por si no sabes de qué novela te hablo, aquí dejo el enlace para que le eches un ojo. Con motivo del décimo aniversario y de las fechas, está rebajada a menos de 1€ en su edición digital.

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¿Y tú qué? ¿Te deprimes en estas fechas? ¿Estás hasta las bolas del árbol de Navidad? ¿Empapas las penas en cava y turrón? ¿Hay alguna película que eches en falta y que te guste especialmente? ¿Te has dado cuenta de que no he hablado de Arma Letal ni de De ilusión también se vive? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

Comentarios

  1. Te felicito, Jorge.
    Has verbalizado en palabras exactas los motivos por los que no me gusta la Navidad.
    Con tu permiso, comparto esta entrada.
    Y de paso, te hago promoción.
    Suerte y Feliz... Ná...Ná.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Rarra (creo que sé quién eres, pero respetaré tu anonimato). Los motivos que hacen que estas fechas no sean del gusto de todos están estudiados científicamente. Yo sólo los he citado con la excusa de hacer un listado de películas reconfortantes que, espero, ayuden a pasar el trance de la mejor manera posible.
      Feliz Ná... Ná... Ra...Ra.

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